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Esclerosis múltiple. Parte II

Un pequeño número de personas con MS puede tener trastornos psiquiátricos más severos como trastorno bipolar y paranoia, o experimentar episodios exultantes inapropiados conocidos como euforia.
Los primeros signos de una disfunción cognitiva pueden ser sutiles. La persona puede tener problemas para encontrar la palabra correcta para decir, o dificultad para recordar cómo hacer tareas de rutina en el trabajo o en la casa. Las decisiones cotidianas que anteriormente se tomaban fácilmente ahora se hacen con más lentitud y mostrando poco criterio. Los cambios pueden ser pequeños o producirse tan lentamente que requieren que un familiar o amigo los observe.

Aunque hay pocas dudas de que el sistema inmunitario contribuya a la destrucción del tejido cerebral y de la médula espinal en esta enfermedad, no se entiende completamente el objetivo exacto de los ataques del sistema inmunitario que causan tal destrucción.


Existen varias posibles explicaciones para lo que puede estar pasando. El sistema inmunitario podría estar:

Combatiendo algún tipo de agente infeccioso (por ejemplo, un virus) que tiene componentes que imitan a componentes cerebrales (mimetismo molecular)
Destruyendo neuronas porque están enfermas.
Identificando erróneamente las neuronas normales como extrañas.

Aunque esta última posibilidad ha sido la explicación más aceptada durante muchos años, la investigación actual sugiere que las primeras dos actividades también podrían jugar un papel en el desarrollo de la enfermedad.
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Se calcula que alrededor del 15 por ciento de las personas con esclerosis tiene uno o más familiares que también la tienen.
Pero aún los mellizos idénticos, cuyo ADN es exactamente el mismo, tienen solamente una probabilidad de tres de padecer ambos la enfermedad. Esto sugiere que la enfermedad no está enteramente controlada por los genes.
La comunidad médica demuestra que docenas de genes y posiblemente cientos de variaciones del código genético se combinan para crear la vulnerabilidad, y la mayoría de los genes identificados hasta ahora están asociados con funciones del sistema inmunitario. Además, muchos de los genes conocidos son similares a aquellos que han sido identificados en las personas con otras enfermedades autoinmunes como la diabetes tipo 1, la artritis reumatoide o el lupus.
Existe actualmente multitud de estudios científicos encaminados a descubrir cualquier relación entre dieta y la progresión de la esclerosis, pero hasta ahora no existe evidencia irrefutable sobre alguna dieta en particular que pudiera afectar la tasa de recaídas en la variedad recaída-remisión, o alterar la tasa de progresión en la variedad progresiva secundaria.


Dicho esto, hay muchísima literatura médica que ha mostrado el beneficio de dos clases de nutrientes, los ácidos grasos y las vitaminas. Los ácidos grasos esenciales pueden alterar la respuesta inflamatoria en enfermedades autoinmunes tales como la esclerosis múltiple. Forman una parte importante del tejido cerebral y de la cubierta de mielina, pero el cuerpo es incapaz de fabricarlos por sí mismo, de tal forma que los tiene que obtener a partir de la dieta.
Además, nuestro organismo está preparado tanto para producir una inflamación cuando lo considera necesario como para reducirla y calmarla. Las prostaglandinas se encargan de estos procesos inflamatorios, como ya vimos aquí.
En un proceso inflamatorio grave como es un brote de esclerosis, sería mejor dejar de lado cualquier alimento que aumente nuestras prostaglandinas inflamatorias hasta que disminuya la actividad.
También es necesario evitar los alimentos que contienen azúcar y otros hidratos de carbono refinados. El azúcar promueve las reacciones inflamatorias, sobre todo los azúcares refinados. La razón está en que el consumo de azúcar genera la secreción de insulina, que promueve la formación de prostaglandinas de tipo 2.
Además, la base de una dieta correcta es el consumo de alimentos “compatible” con nuestro organismo ya que nuestro sistema inmunológico se desarrolla correctamente en un ambiente alcalino.
Es en este ambiente donde las funciones celulares se realizan de forma óptima y el cuerpo es capaz de desechar los elementos tóxicos que se generan en nuestro organismo, además de lo que de por sí ingerimos.
Ya que la esclerosis es una mutación celular el binomio dieta alcalina y enfermedad autoinmune es indudable.
Las células nerviosas se degradan en un ambiente ácido y poco oxigenado. Cuando existe un equilibrio alcalino-salino el organismo funciona mejor y es más eficaz. Una dieta “alcalinizante” es beneficiosa para prevenir los brotes de esclerosis, e incluso para disminuir la violencia del ataque cuando se ha producido.
Disminuir el ph de nuestro cuerpo es mucho más fácil y accesible de lo que en un principio podemos pensar. La mayoría de los hábitos que acidifican nuestro cuerpo son reconocibles como perjudiciales para todo el mundo, tengamos esclerosis múltiple o no.
Y como ya hemos dicho antes, vale la pena afrontar nuestra salud de forma responsable, para hacernos dueños de nuestro propio cuerpo con responsabilidad.

En próximas entradas, hablaremos de qué alimentos tomar para alcalinizar nuestro ph, y reducir el riesgo de sufrir recaídas de esta enfermedad. ¡Somos dueños de nuestra salud!

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