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Esclerosis múltiple, Parte III

Los procesos químicos que liberan la energía que utilizamos en la vida, dependen del oxígeno que respiramos. Como un subproducto, estos procesos originan grandes cantidades de compuestos de oxígeno muy reactivos llamados radicales libres.
También son producidos por exposición a la luz solar y polución urbana. Los radicales libres reaccionan con varios tejidos del organismo incluyendo la mielina.
En cualquier proceso autoinmune, la dieta ha de contener vitaminas y minerales que eliminan estos radicales libres:
Vitamina E - soluble en grasa, se encuentra en la fruta fresca.
Vitamina C – soluble en agua, se encuentra en la fruta fresca y vegetales.
Vitamina A (como beta-caroteno) – soluble en grasa, se encuentra en el hígado, fruta fresca y vegetales.
Selenio – mineral esencial, que se encuentra en los granos y el pescado.
Los vegetales de hoja verde ayudan a limpiar la célula pero a la vez también ayudan a la eliminación de toxinas a nivel digestivo, ya que proporcionan fibra al intestino. Los componentes nutricionales de estos vegetales los hacen los más indicados para reducir la inflamación que otros vegetales como pueden ser tubérculos o vegetales de tallo. Su alto contenido en calcio hace que tengan un efecto calmante de la inflamación.
En el caso de un proceso inflamatorio las vitaminas más necesarias son la vitamina C y E, la vitamina B3 y B6 y el mineral zinc. Estos nutrientes fortalecen el sistema inmunológico y favorecen la producción de prostaglandinas antiinflamatorias.
Se recomienda por tanto, eliminar los alimentos ricos en ácido araquidónico, sobre todo la carne pero también los lácteos y los huevos.
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Aumentar la ingesta de alimentos ricos en ácidos grasos omega 3, como las algas (sobre todo marrones y rojas), los pescados azules (de procedencia salvaje), las semillas de lino y el aceite de lino. Se recomienda consumir 2 cucharadas diarias de aceite de lino tomadas en frío.
Las semillas de lino contienen ácidos grasos omega-3 y omega-6, potasio, magnesio, calcio, vitaminas B3 y E. Además de tener un efecto antiinflamatorio, también son depurativas, laxantes y anti anémicas.
Disminuir los alimentos crudos, sobre todo las frutas ácidas, aumentar la cantidad de verduras de hoja verde como espinacas, acelgas, coles de Bruselas, repollo, berros, canónigos, endibias, lechuga, perejil, cilantro, etc. Estas verduras deberán consumirse principalmente cocinadas. Se recomiendan en una dieta anti-inflamatoria por su efecto calmante y desintoxicante.
Las fresas, ricas en vitamina C, ácido fólico y potasio. Además, contienen ácido salicílico, analgésico y antiinflamatorio.
Las frutas del bosque, las moras, los arándanos, grosellas, etc. contienen vitamina C y E y bioflavonoides que previenen y reducen la inflamación.
El kiwi es una buena fuente de vitamina C y ayuda a evitar su deficiencia, y especialmente la piña, que contiene una enzima llamada bromelina capaz de bloquear las prostaglandinas proinflamatorias y de liberar en cambio las prostaglandinas antiinflamatorias.
Las pipas de calabaza (crudas), son ricas en calcio, hierro, magnesio, zinc, vitaminas del grupo B y ácidos grasos esenciales omega-3.
La raíz de jengibre, actúa como antihistamínico natural en las alergias y también inhibe las prostaglandinas proinflamatorias.
Los alimentos con más concentración de carotenos (especialmente el licopeno del tomate) tienen un especial beneficio sobre la salud. El brócoli, repollo, jengibre, zanahorias, té verde, semillas, (lino, avena, centeno, cebada, quinoa…), tomates, arándanos, judías, lentejas, garbanzos…
Es necesario revisar nuestros hábitos alimenticios y nuestras costumbres. Enriquecer nuestra alimentación con nutrientes de calidad, hacer deporte y evitar los excesos en lo que a sustancias excitantes se refiere como alcohol, café o tabaco.
El vínculo entre alimentación y enfermedades autoinmunes es complejo y no es fácil de establecer, principalmente porque nuestra dieta contiene productos muy variados. Sin embargo se pueden comprobar relaciones entre el tipo de alimento que ingerimos y la presencia de estas enfermedades.
En general, las dietas ricas en grasa y proteínas de origen animal son las más evidentes, junto con algunas formas de cocinar como los asados al carbón, barbacoa y ahumados. Por el contrario, la fibra (insoluble sobre todo), vitaminas y algunos minerales forman el grupo de protectores frente a los brotes, siendo los alimentos vegetales los principales responsables de la reducción de las recaídas.
Por el contrario, determinados alimentos son notablemente perjudiciales como lo son las grasas hidrogenadas, los lácteos y muy en especial los azúcares refinados y los edulcorantes artificiales.

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