Disonancia cognitiva y sesgo de confirmación. Parte II

Disonancia cognitiva y sesgo de confirmación. Parte I
11 febrero, 2018

Disonancia cognitiva y sesgo de confirmación. Parte II

Hace poco hablamos de cómo nuestra mente elabora su propia arquitectura de pensamientos gracias a su capacidad de disociar lo que pensamos como cierto y la realidad, por muy evidente que sea objetivamente.

También entendimos, (gracias a Carmen, nuestra amiga ficticia), que para que este choque con la realidad no sea traumático, es muy habitual ser selectivos a la hora de escoger las fuentes de información para que estas concuerden con nuestras creencias y aceptamos como válidas estas opiniones aunque no necesariamente sean ciertas.
Así, Carmen pone en tela de juicio que su equipo de rugby favorito pierda por causas obvias y sólo atiende a las razones que demuestran afinidad con sus colores.

Pero como vamos a ver, no sólo el sesgo de confirmación y la disonancia cognitiva nos protegen para no tener “que apearnos del burro”. Sigamos con ejemplos que nos ayuden a entender nuestro comportamiento:
Es evidente que es necesario vacunar a nuestros hijos. Cada año las vacunas salvan millones de vidas en todo el mundo. Pero aunque parezca mentira, hay personas que no las ven beneficiosas y que incluso causan enfermedades no asociadas a las patologías contra las que nos defienden.
Basta escribir “vacunas” en google, para que nos devuelva en los primeros resultados perlas como “las vacunas causan autismo”.

Si uno cree que esta afirmación es cierta, y su disonancia cognitiva le hace buscar información, sólo leerá entre todas las webs que hablan del tema con coherencia médica aquella que afirme alegremente tal incongruencia. Y cuando se hable de este tema en cualquier conversación, esgrimirá los argumentos que aquella vez leyó en esa página.

Toda la comunidad médica está de acuerdo en que determinados "preparados" (por no eelvarlos a la categoría de medicamentos) son un placebo. Hace décadas que se dejó de investigar el efecto de estos preparados porque quedó más que demostrado que no servían.
Los defensores del uso de estos productos afirman con vehemencia que alguna vez, leyeron en algún sitio que alguien se curó de su resfriado a los cuatro días de tomar estas bolitas. Ni si quiera tomarán en cuenta que era un resfriado común y habían pasado cuatro días.
Quizá estos ejemplos puedan parecer un poco exagerados. Pero veamos otros casos en los que esta forma de actuar no es tan descabellada:
Los lácteos que tomamos todos los días son perjudiciales para el ser humano. Esta es una afirmación incuestionable.
La mayoría de los profesionales de la salud están de acuerdo en que incluso la caseína que contienen estos alimentos están relacionados con enfermedades mortales. Las palabras del doctor Colin Campbell, profesor emérito de bioquímica alimentaria del instituto MIT son demoledoras: “la caseína de la leche es el carcinógeno más potente que existe”
Pero es difícil desmontar la creencia de que la leche es un alimento humano. Si hacemos caso a la industria productora de leche, a la cultura popular y a nuestra propia educación, seguiremos con mocos, envejeceremos con osteoporosis y seguiremos en contacto con tóxicos que nos acercan al cáncer.
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El consumo desproporcionado de carne por los países de occidente es el directo responsable del cambio climático y de la destrucción del medio ambiente.
Más del 70% de los cereales y granos que se cultivan en el planeta está destinado al consumo de ganado, y esta es la causa principal de la deforestación masiva del planeta.
Y dejando a un lado este desastre ecológico, la carne acidifica e inflama nuestros tejidos hasta la enfermedad. Esto debería ser suficiente para dejar de consumirla, y todas las razones que tengamos para seguir haciéndolo deberían sonar como excusas si hiciéramos caso de estas evidencias.

Matthieu Ricard supo resumir este razonamiento en una frase:

“La decisión para detenerse sólo toma un segundo. La razón principal para dejar de comer carne y pescado es para salvar la vida de otros. Esta no es una perspectiva extrema. Este es un punto de vista razonable y compasivo”
El año pasado fueron asesinadas en España 44 mujeres a manos de las personas que decían amarlas. La administración ha confirmado hasta el momento de escribir estas líneas 916 asesinatos desde el año 2003.
La brecha salarial entre hombres y mujeres en España supera en tres puntos la media europea, alcanzando actualmente el 24% de diferencia entre los sueldos de ambos sexos.
Los españoles sólo contribuyen en el 33% del volumen del trabajo doméstico del hogar. Unicamente aportan la mitad en el caso de que estén desempleados viviendo con españolas empleadas. Esto significa que aun estando desempleados, esperan a que sus mujeres vuelvan del trabajo para que limpien el váter.
Estos son datos objetivos y comprobables, pero en esta sociedad evidentemente machista todos conocemos personas que justifican esta discriminación con argumentos vanos, aun cuando la evidencia les demuestra que el machismo es mortal. Para ellos, pegar un puñetazo en la mesa es (como mucho) un “micromachismo” y no una expresión de ira, y las mujeres que están en desacuerdo con esta demostración de irracionalidad son “feminazis
En una relación discriminatoria, sólo recuperará derechos la parte en inferioridad si la parte en ventaja asume que tiene necesariamente que perder privilegios.
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Podríamos seguir indefinidamente señalando argumentos tan contradictorios como estos que nos harían vivir en constante confrontación. Estaríamos invariablemente luchando contra nuestras creencias y la realidad. Para evitar ese malestar, nuestra mente funciona protegiéndose.

Después de haber escrito este artículo espero que cuando me lean, pongan en duda cada punto y cada coma de lo escrito. El dr. House tiene razón; “todo el mundo miente”.

Yo también.

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