Apretando los dientes…

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Apretando los dientes…



La relación entre nuestro cuerpo y nuestros sentimientos es tan evidente que está presente incluso en nuestro propio vocabulario. Todos entendemos, por ejemplo, en la frase “cuando te veo siento mariposillas en la tripa” hay una conexión entre nuestro aparato digestivo y la emoción del amor. Aún sin saber que en nuestro estómago y el tubo digestivo tenemos una importantísima red de neuronas entre las capas de mucosas sabemos instintivamente que entre el amor y el estómago hay un vínculo. También sabemos que no podemos afirmar categóricamente que el estómago regula nuestra emoción del amor, pero es fácil entender que el binomio amor-estómago es evidente. El lenguaje y nuestra experiencia personal nos ofrece infinidad de ejemplos que nos muestran la relación entre nuestro cuerpo y nuestras emociones. Así, todos entendemos que si amenazamos a un perro con un palo, el animal se orina. Es una situación comprensible, el animal se hace pis de miedo. (nunca lo comprobéis, quedaos con la frase nada mas, por favor) ¡claro que hay una relación directa entre la emoción del miedo y el aparato urogenital!
Esta es la razón por la que todos el año pasado después de la cuarentena, sufrimos o conocimos de alguien que tuvo algún episodio de salud relacionado con esta víscera. Cálculos renales, infecciones de orina, cistitis, prostatitis…
¿porqué? Es sencillo, todos teníamos miedo en mayor o menor grado. La enfermedad, el confinamiento, la situación laboral… Estábamos (aun estamos) pasando por una situación de inestabilidad de la que nuestro propio cuerpo nos avisaba.
la mente y el cuerpo son un todo indivisible

Según la agencia de salud pública de Cataluña el grupo de personas entre 16 y 44 años han duplicado la sintomatología de ansiedad y depresión y malestar emocional desde el inicio de la pandemia. Se ha multiplicado por tres el uso de ansiolíticos prescritos en la seguridad social y se ha multiplicado por 10 (¡por diez!) el consumo de ansiolíticos sin prescripción médica. La prevalencia de depresión es más de tres veces superior y cuatro veces más en el caso de la ansiedad.
Es verdad que ahora todos, en mayor o menor grado, estamos un poco cansados ya de todo esto. Un poco cansados y también un poco disgustados. Ha sido un año muy intenso en el que han pasado muchas cosas, muchos lo han pasado muy mal y es inevitable sentir aún algo de angustia.

El bruxismo es una actividad muscular repetitiva e inconsciente, caracterizado por el apretamiento o frotamiento de los dientes y el movimiento mandibular forzado. En el caso del bruxismo nervioso, es un proceso de origen en el sistema nervioso central, el encargado de regular los factores psicológicos y sociales entre otros. En sí mismo, no es más que el movimiento fisiológico de la articulación temporo-mandibular, no es una patología.
Es una fase más del sueño y es necesario para que nuestro organismo procese la tensión emocional producida por las experiencias cotidianas.
Pero si nuestra fase de sueño bruxista es muy larga o muy intensa, nos impide llegar saludablemente a las fases siguientes más reparadoras. El que sufre bruxismo nervioso, normalmente es una persona que duerme mal. Mejor dicho, que descansa mal.
El bruxismo del sueño ocurre principalmente en las fases 1 y 2 del sueño NREM y se suele asociar con calidad disminuida del sueño y se sabe que está asociado con “micro-despertares” del sueño, aunque esta situación puede ser también diurno, no necesariamente el afectado ha de estar durmiendo.

Antes hemos comprendido que una persona acorralada con miedo puede tener síntomas urogenitales. Es también entendible que una persona con alto estrés apriete los dientes.


Es evidente que si una persona sufre de bruxismo nervioso por alguna causa emocional, hasta que su situación no cambie no se va a deshacer de su situación.
Pero, como ya vimos en otras ocasiones, el movimiento es vida.


El osteópata puede ayudar a que el malestar remita y ayudar al paciente a descansar mejor. A menudo el bruxismo nervioso viene acompañado de dolores de cabeza y malestar que mejorarán claramente cuando el paciente pueda descansar mejor. Y claro, sin dolor es más llevadero enfrentarse a los problemas cotidianos desde una posición más saludable y optimista.
Esta circunstancia es más gestual que patológica. En breve hablaremos aquí de la importancia de la gestualidad y la actitud ante los sucesos habituales de cada persona.