Dolor.

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Dolor.

Actualmente, el dolor se ve como un fenómeno social y no estrictamente médico. El comportamiento de un individuo durante su vida está sujeto a muchos factores que producen estrés y este último juega un rol fundamental.
Las personas que conviven con el dolor crónico ven su existencia como frustrante y difícil, con un alto desperdicio de tiempo y energías, y pocas veces con soluciones.
Lo mismo suele pasar a los terapeutas que ven la gestión del dolor de su paciente como un reto donde es imprescindible entender la percepción del dolor para poder conciliar los tratamientos con los estilos de vida y ser capaces de enseñar estrategias para combatirlo.

1 de 5 personas viven con dolor crónico y el terapeuta necesita conocer qué es el dolor y tener recursos para asesorar, tratar y consolar a los pacientes con dolor ya que serán un alto número de personas.
El dolor es una experiencia individual y cada persona responde al dolor en una manera diferente. El sufrimiento está influenciado por múltiples factores como las expectativas culturales, edad, genero, traumas anteriores, recidivas o el estado de salud en general. El dolor crónico no es una extensión linear de un dolor agudo, y requiere un abordaje específico para su gestión.
La forma de escuchar al paciente y de aprender de los sufrimientos individuales, será clave para el resultado, así como para la elección de la mejor estrategia disponible en determinadas circunstancias.
Una actitud colaborativa terapeuta-paciente reduce la dificultad del diagnóstico y de cualquier factor asociado al dolor crónico.
El dolor agudo es una respuesta adaptativa de defensa de los daños causados por lesiones. El dolor crónico es el que persiste más de 3 meses y que se transforma en enfermedad.
El dolor crónico primario, representa el dolor crónico como una enfermedad en sí misma. El dolor crónico secundario, es dolor crónico donde el dolor es un síntoma de una afección subyacente.

Es difícil cumplir con los requisitos para poder atacar al dolor crónico. A veces tenemos que ser transparentes y transmitir que es muy difícil predecir los resultados o tenemos que ser capaces de pedir ayuda a otros profesionales. Es una regla básica en el manejo del dolor crónico, es importante entender de que podemos influenciar al dolor o atacarle, pero muchas veces no erradicarlo. Tenemos que ser capaces de comunicar con transparencia al paciente de que posiblemente su dolor no desaparecerá y que será importante encontrar una estrategia para poder mejor su calidad de vida y detectar cuales pueden ser sus mejores recursos para gestionarlo.

El dolor es complejo, subjetivo y no existen biomarcadores únicos para todas las personas, es mucho más que "un problema de tejidos”. Cuando es crónico se tiene que tener en cuenta un sistema multidimensional y multifactorial, un confuso conjunto de síntomas que a menudo pueden parecer ajenos a la lesión incitadora.
Podemos afirmar que el dolor no es una medida exacta de la integridad del tejido y que se tiene que ver como un protector. A través de sensaciones no placenteras, el cerebro cambia nuestros comportamientos para que podamos evitar lesiones y empezar la fase de curación. El dolor es una señal de alarma del cerebro que está alertando el cuerpo para que se proteja. A veces es protector en exceso provocando señales injustificadas y cuanto más el cerebro produce dolor, más se acostumbra en producirlo y con “mejores calidades”.
Las neuronas contestan a estímulos dolorosos (mecánico, químico, térmico) - y esto se ha llamado “nocicepción” - enviando una señal de alarma a la medula espinal que la trasmite al cerebro. Este estimulo nociceptivo es continuo, pero solo pocas veces es doloroso. El cerebro es capaz de elaborar la información a través del estímulo original y a través de una gran cantidad de información almacenada. Si se puede justificar una acción de defensa, entonces el cerebro reacciona con un estímulo de dolor.


El dolor no está asociado a un estímulo físico. Pensamientos, imágenes, lugares pueden desencadenar dolor, un dolor igual que el físico.
El dolor es algo muy personal. No hay una medida única para todas las soluciones. Y aunque probablemente cada uno pueda pensar bien en estrategias de afrontamiento, se ha de adoptar un nuevo enfoque para tratar y reducir el dolor; un enfoque que esté centrado en volver a entrenar el sistema de dolor de cada paciente.
Las alteraciones de la nocicepción ocurren a pesar de que no hay evidencia clara de daño tisular real o amenazante que cause la activación de los nociceptores periféricos o evidencia de enfermedad o lesión del sistema que causa el dolor.
Cuando el dolor persiste, debemos mirar al ser humano y a los sistemas, así como a los tejidos musculoesqueléticos para comprender qué está causando el dolor persistente.
El dolor espiritual es el dolor que proviene de las áreas "ocultas" de nuestra vida. No se puede señalar en una escala de dolor, pero sigue siendo muy real y puede afectar nuestra salud física y emocional.
El dolor espiritual no discrimina por sexo o edad; afecta a todos de diferentes maneras en todas las etapas de la vida.
Todos estamos en un viaje espiritual desde el momento en que nacemos y en este viaje, sentimos dolor y, a su vez, crecemos. Nos resulta difícil lidiar con el dolor cuando se vuelve demasiado grande para poderlo gestionar.

El dolor espiritual implica sentimientos de ansiedad o angustia. El dolor emocional o espiritual puede suceder si estás luchando para encontrar fuentes de significado, esperanza, amor, paz, comodidad, fuerza y conexión en tu vida.
Este tipo de dolor puede hacer que reevalúes el significado de la vida y pienses más profundamente en tus creencias y relaciones.
El dolor espiritual no es lo mismo que la depresión, que es una enfermedad mental reconocida, aunque alguien puede tener ambas cosas.
La espiritualidad significa cosas diferentes para diferentes personas. La religión y la fe pueden ser parte de la espiritualidad de alguien, aunque la espiritualidad no siempre es religiosa.
La emoción puede tener un impacto en la sensación de dolor y puede influir en el éxito que tienen las personas con dolor en el manejo de su vida cotidiana. Mirando específicamente la dimensión conductual, los factores psicológicos y sociales pueden interactuar con los procesos cerebrales que influyen en el bienestar de las personas con dolor crónico. Todo indica que el dolor crónico puede inducir ansiedad, depresión y reducir la calidad de vida y los altos niveles de ansiedad pueden amplificar la sensibilidad al dolor y la secuela más común ligada a un dolor de ansiedad, es un de dolor físico inespecífico que están más allá de la queja primaria del dolor. Una vez más, cuerpo y mente son una unidad indivisible, y debemos entender que cualquier estímulo puede influir en la totalidad del organismo.