¡Sólo teníamos que pararnos a escuchar!

Dolor.
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F.N.P.
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¡Sólo teníamos que pararnos a escuchar!

La osteopatía craneal se basa en dos fenómenos fisiológicos, el movimiento presente en las suturas del cráneo y un impulso rítmico en el interior del cráneo.
Estos fenómenos, descubiertos y estudiados por W.G. Sutherland, se conocen como Mecanismo o Movimiento Respiratorio Primario (MRP) y son un mecanismo involuntario que funciona de manera rítmica en dos tiempos de flexión y de extensión, de 3 a 6 veces por minuto. Es el responsable de la movilidad de cada una de las células del cuerpo humano, el ciclo de expansión y contracción celular.

Cada órgano del cuerpo presenta el mismo fenómeno de pulsación rítmica y el cerebro también. En toda persona viva, podemos sentir un latido sincronizado con las pulsaciones cardíacas, una pulsación que coincide con los cambios de presión respiratoria asociados a la inspiración y espiración pulmonar y este latido que no está relacionado con el ritmo cardíaco ni con el ritmo respiratorio y que mantiene su ritmo constantemente.


El sistema ventricular del cerebro consta de varias cavidades, que se comunican entre sí en el interior de la víscera, y en las que se segrega el líquido cefalorraquídeo por los plexos coroideos. Estos plexos coroideos están compuestos de una red de diminutos vasos sanguíneos y recubiertos con piamadre, una de las capas de las que se conforman las meninges que se proyectan en el interior de los ventrículos y segregan el líquido cefalorraquídeo.
Los dos ventrículos laterales están situados uno en cada hemisferio cerebral y se comunican con el tercer ventrículo, que está situado en la línea media. El tercer ventrículo se comunica por un estrecho conducto, el acueducto cerebral, con el cuarto ventrículo entre el cerebelo y el bulbo. Las aberturas del cuarto ventrículo permiten que el líquido cefalorraquídeo pase al interior del espacio subaracnoideo que rodea la totalidad del cerebro y de la médula espinal.

Se enseña popularmente que el cráneo es una estructura rígida a modo de casco que preserva al cerebro, pero hay que revisar este axioma que lo relega a un simple papel de protección.
Los huesos del cráneo no crecen juntos para soldarse, sino que desarrollan bordes dentados que se articulan y permiten un ligero movimiento. Esto es evidente ya que si no ¿para qué esas superficies articulares si no es para favorecer un movimiento? El único factor fisiológico capaz de mantener así las superficies articulares y protegerlas de la anquilosis que produciría el paso del tiempo es el movimiento.
Desde el nacimiento hasta los 6 años, las articulaciones craneales son labradas por un ligero movimiento que persiste el resto de la vida. Las superficies articulares son dentadas o biseladas y están unidas por un tejido conjuntivo que permite este ligero movimiento entre sus suturas.

La observación de este mecanismo craneal hace obligatorio pensar en la importancia que tiene el papel de las fascias en el cuerpo humano. Como ya hablamos en otras ocasiones, entendemos las fascias como tejidos conjuntivos que tienen el mismo origen embriológico y funciones comunes que encontramos repartidas en el conjunto del cuerpo humano; aponeurosis, tendones y ligamentos, envolturas conjuntivas de los órganos y las vísceras, vainas de los vasos y nervios, pleura, periostio, etc.
El cerebro y los nervios craneales son sensibles a una mala irrigación sanguínea, a las presiones por congestiones venosas, a las tensiones de las membranas, etc...
El cerebro adulto tiene un 2% del peso del cuerpo y en cambio para funcionar correctamente recibe una cantidad de sangre estimada entre el 17 y el 34% del caudal cardíaco y el sistema venoso craneal es muy vulnerable; no posee compresión muscular como en las otras partes del cuerpo para asegurar la progresión de la sangre venosa. En la cabeza esta progresión venosa depende directamente de los movimientos del cráneo y sus suturas.
Si una parte del mecanismo craneal está perturbada, la estasis (estancamiento) del fluido cerebroespinal ocasiona una retención de los desechos resultantes del metabolismo celular, así como una modificación del PH, causando un estado tóxico y finalmente, diversas patologías. No hay que olvidar que el cuerpo es una unidad funcional. Cuando una lesión aparece en un punto cualquiera, es el cuerpo entero el que debe compensar (papel de las fascias y de las cadenas miofasciales que van a diseminar en todo el cuerpo las molestias).
Se asocia normalmente el tratamiento craneal con las terapias orientadas a reducir el stress y los conflictos emocionales porque en consulta se obtiene un estado de relajación y tranquilidad muy necesario para quien padece estos problemas, pero las indicaciones terapéuticas de la osteopatía craneal son innumerables.
La corrección craneal hace cesar el bombardeo reflejo de los centros nerviosos y sus consecuencias; desequilibrio del sistema simpático, trastornos endocrinos, perturbaciones emocionales…
Disfunciones de la cabeza y de la cara, neuralgias (faciales, oculares, auriculares, dentales, etc.), cefaleas, perturbaciones neurovegetativas, inflamaciones e infecciones (sinusitis, rinitis, otitis), patologías de los órganos de los sentidos (visión, audición, gusto, olfato), perturbación de la fonación, dificultades circulatorias que van desde la jaqueca hasta el aumento de la tensión intraocular (glaucoma, disfuncionamiento hormonal, hipotálamo, hipófisis), problemas de la irrigación del cerebro en general o de ciertas zonas, dificultades del aprendizaje, de la escritura, conflictos de equilibrio, vértigos, conflictos psicosomáticos de origen craneal secundarios a traumatismos… El campo terapéutico que se nos abre cuando nos apoyamos en estas técnicas es tan grandioso como esperanzador. Y una de las cosas más bonitas de este tratamiento es que es el mismo paciente el que tiene la herramienta para solucionar el problema y sólo lo entiende plenamente cuando es consciente de ello. ¡está ahí! ¡Sólo teníamos que pararnos a escuchar!