Técnica neuromuscular.

F.N.P.
4 junio, 2021
Adrew Taylor Still
30 junio, 2021

Técnica neuromuscular.

La técnica neuromuscular es un antiguo método de manipulaciones con origen en la India que ha ido evolucionando durante los últimos 60 años. Es una técnica que permite preparar las estructuras del tejido blando para posteriores manipulaciones.

Los tejidos blandos son el origen del dolor, ya sean localizados o en general en todo el organismo. Representan un 60 % del cuerpo, y comprenden los músculos, las fascias, las aponeurosis y las cápsulas. Estos tejidos consumen energía y tienen una actividad tanto mecánica como química. Cuando se producen adherencias en los tejidos blandos por estimular en exceso la musculatura, el flujo nervioso pasa más difícilmente o incluso es menos eficaz. Como consecuencia, los músculos se van a endurecer, “fibrándose” y produciendo una detención del flujo nervioso. El tratamiento neuromuscular eliminará estas restricciones, que al restaurar el equilibrio del tejido produce una mejora de la circulación sanguínea y también de la movilidad.
Se produzca una lesión o no, la articulación, los músculos, los ligamentos, las aponeurosis, las fascias y la sangre están estrechamente unidos. Por lo tanto, hay que “normalizar” estos tejidos para evitar las interferencias que pueden enmascarar las posibles lesiones.
La lesión neuromuscular está asociada a la congestión localizada de los tejidos conjuntivos, al trastorno del equilibrio del ph, a la infiltración fibrosa (adherencias) o a las contracturas musculares crónicas o cambios del tono muscular. En palpación apreciamos la resistencia al dolor, contractura o espasmo muscular.
El cansancio, agotamiento muscular y posturas inadecuadas, los traumatismos locales o la falta de oxígeno y de ejercicio (toxemia), los estados carenciales (falta de minerales o vitaminas) o las alteraciones psicosomáticas originan tensiones musculares.
Stanley Lief, osteópata pionero en el tratamiento neuromuscular y la naturopatía.
A veces se trata de una tensión muscular generalizada de carácter postural o de una tensión específica local como consecuencia del uso excesivo de una parte del cuerpo (trabajo, posturas repetitivas e inadecuadas)
También todos los cambios emocionales se traducen en alteraciones musculares. Las emociones como la ira o el miedo, los estados anímicos como la excitación o la depresión producen posturas y formas musculares inconvenientes. Es obvia la relación entre los conflictos psicológicos y las posturas tensionales habituales.
También la conducta frente a cualquier estímulo, todo movimiento necesita una actividad muscular. Determinados patrones de utilización instaurados de forma habitual y repetitiva generan tensión muscular. El tejido muscular cambia de tono, textura, actividad química, etc. y modificará a su vez el esqueleto con el consiguiente desequilibrio. El cuerpo cambiará su postura para contrarrestar las tensiones internas o externas, o simplemente adoptará determinadas posiciones para evitar el dolor.
El tratamiento neuromuscular quita el dolor y restaura la movilidad para evitar una manipulación agresiva, prepara el tejido para ejecutar un tratamiento menos invasivo y así evitar efectos secundarios indeseables (inflamación y dolor). Consigue una relajación de los tejidos para aliviar el stress muscular.
La palpación permite detectar los cambios específicos que se producen en el tejido, cambios de temperatura, sensibilidad o irritación. Cuando una región del tejido está afectada, la piel se nota más tensa y es más difícil su desplazamiento a través de las estructuras subyacentes. Se acompaña de un aumento local de la temperatura y cuando hay tensiones del tejido, aparecen isquemias con alteración fibrótica en la región afectada.
La sensibilidad puede indicar problemas reflejos o locales en una lesión, la musculatura superficial y la piel presentan sensibilidad a la palpación. En el caso de afección aguda los tejidos superficiales pueden presentar una sensación de hinchazón y congestión.



Pero si la lesión se cronifica, esta sensación no se produce y aparecen cambios fibróticos. Es habitual tratar con un paciente que se llega a acostumbrar al dolor de una contractura hasta el punto de normalizarla como parte inevitable de su condición. Aún siendo un compañero molesto, se resigna a pensar que va a estar con ella haga lo que haga. En estos casos, el tratamiento neuromuscular junto a un adecuado diagnóstico del origen de la lesión puede ser un excelente aliado para deshacerse de una molestia que no por ser algo familiar no deja de ser desagradable. Como ya vimos en otras ocasiones, el último responsable de la salud de uno no es el médico, sino uno mismo.
En anteriores ocasiones hablamos de cómo hacer frente a los casos en los que el dolor es inevitable y se cronifica, pero salvo en raras ocasiones, no deberíamos aceptar el dolor como algo irremediable.