El paciente informado.

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El paciente informado.

En los últimos tiempos, la información médica disponible al alcance de todos ha aumentado de forma muy significativa, tanto en cantidad, como en sofisticación. Las organizaciones que suministran información, apoyo y ayuda a los pacientes han aumentado, y las noticias médicas, tanto escritas como televisadas, son cada vez más frecuentes. Internet ha puesto a disposición de la gente una gran cantidad de información sobre salud, bibliografía médica, artículos clínicos...
Esto puede ser útil y beneficioso en una consulta, puesto que esa información puede reforzar los autocuidados y promover actitudes de responsabilidad personal respecto a la salud, además de reforzar positivamente el aprendizaje de nuestro propio cuerpo y del entorno.
A veces, la información llega a los pacientes a través de noticias en los medios, de forma que los pacientes a veces creen, de hecho, estar mejor informados que sus médicos.
Pero la investigación personal que en la mayoría de los casos es una bendición trae una gran cantidad de información que hay que organizar y poner en perspectiva. Muchas de las informaciones que aparecen en internet pueden ser perjudiciales, aconsejando pruebas o tratamientos no probados o peligrosos. Nuestros pacientes pocas veces pueden distinguir la buena información de los anuncios de remedios fraudulentos, (por no hablar de los extremos que nos llegan al móvil en forma de bulo, que esto merecería una reflexión aparte).
Al mismo tiempo, los pacientes quieren que demos crédito a su diligencia y su información:
-“Oye, ¿Has leído este artículo? Cuenta exactamente lo que me pasa…”
-“¿Viste el programa de televisión de ayer por la noche? decían que se había encontrado algo nuevo para problemas similares a los míos”
-“Te comparto este material en un wasap, anoche encontré 1.840 referencias sobre la espondilodiscartrosis”.
Independientemente de la cantidad y calidad de la información que traen a la consulta, un rechazo antes de tiempo a ésta puede desencadenar desagrado o incluso vergüenza y perjudicar nuestros esfuerzos para ayudar a que los pacientes manejen su situación con más eficacia.
Así, claro que hay que dar crédito al paciente, pero no necesariamente a la información que aporta.
Es necesario reconocer y apreciar el acto de traer información en sí mismo, interesarse y preguntar sobre ella. El paciente está tratando de estar mejor informado y de participar activamente:
-“Veo que te has tomado tu tiempo para recoger todo esto. Agradezco tu esfuerzo para comprender e intentar resolver lo que le pasa.”
-“¿Cómo te sentiste al buscar y encontrar esta información en internet? Porque a veces es difícil distinguir el material importante del que no lo es.”
Se debería leer el contenido de la información y agradecer al paciente que nos pida opinión sobre ella. Si la información es nueva o compleja, tomarnos un tiempo para revisarla antes de comentarla con él. Es posible que el paciente ha podido traernos información valiosa para su tratamiento.
También es necesario asegurarse de preguntar al paciente qué aprendió de esa información y cómo cree que eso puede aplicarse a su caso. No está de más preguntarle qué aspectos quiere que le prestemos mayor atención, esto ayuda al paciente a llegar a ser un observador reflexivo de su condición, así como de la información relevante.
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Ramón Nogueras, autor del divertidísimo libro "porqué creemos en mierdas"
Además, iniciar las explicaciones preguntando al paciente acerca de su comprensión sobre la anatomía y la fisiología implicadas, y empezar por donde necesite ayuda utilizando un lenguaje comprensible para los dos.
Y si tenemos comentarios negativos acerca de la información que aporta, guardarlos hasta haber explorado y estudiado la situación actual del paciente y haber comentado con él nuestras hipótesis: sólo entonces será el momento de exponer nuestras opiniones.
Nunca menospreciar la información que trae el paciente, porque no dejan de ser esfuerzos por educarse a sí mismo y aprender, es una equivocación adoptar una actitud de “autoridad” que nos aleja de la asertividad.
Para conseguir un manejo adecuado de estas situaciones difíciles, el terapeuta debería tener en cuenta unas recomendaciones que son muy sencillas una vez que se normalizan:
El terapeuta debe conocerse a sí mismo. Tomar conciencia de sus pensamientos, emociones y conductas ante los pacientes. Observar los pensamientos irracionales y las consecuencias emocionales que conllevan. Tener actitud reflexiva para descubrir su nivel de tolerancia hacia los demás.
Cuidarse a sí mismo y trabajar la paciencia, el respeto, la tolerancia y la aceptación de la realidad del paciente. Ser honesto y tolerante con uno mismo.
Aprender habilidades asertivas y estrategias específicas para estas situaciones. (O cualquier otra).
Alimentar su curiosidad crítica, incluyendo el coraje de darse cuenta de las propias flaquezas.
Aprender a observar lo que sucede sin ideas preconcebidas, sin enjuiciarlo y con tolerancia a las contradicciones.


Y muy especialmente, usar el humor y el optimismo como herramientas para solucionar conflictos.