De forma innata.

Liberación emocional.
11 agosto, 2021

De forma innata.

La lesión osteopática es la pérdida de movilidad parcial o total de una articulación. Se produce por la desaparición de los movimientos menores de deslizamiento, indispensables para el desarrollo normal de los grandes movimientos articulares.
Se entiende como articulación la estructura anatómica que permite la unión entre dos extremos óseos con elementos que permiten su movilidad, pero también entre dos órganos que pueden estar unidos también por tejido que permita el movimiento entre ellos.
Así, una articulación es, por ejemplo, el nudillo del dedo que permite que podamos mover las falanges, pero también lo es el tejido que une el esófago con el estómago y que también puede presentar lesiones que limiten su movilidad y, por tanto, la digestión.

Esta falta de movilidad articular está causada por adherencias o por el acortamiento de ciertos músculos o fascias que, rechazando el estiramiento, limitan el movimiento. Cuando solicitamos a una articulación un movimiento que no puede efectuar, la puesta en tensión de los tejidos blandos acortados genera dolor, mientras que el movimiento en sentido opuesto es indoloro porque se produce libremente.
Esta pérdida de movilidad hace intervenir a los arcos reflejos patológicos que junto a la intervención del sistema nervioso y a sus circuitos modifican los mensajes normales del sistema neuro-músculo-esquelético.
Ya al principio del siglo 20, Still enunció los principios fundamentales en los que se basa la osteopatía, que como ciencia integrativa que es, une las observaciones clínicas con la práctica al servicio del equilibrio de la salud del paciente.
La estructura gobierna la función y la función precede a la lesión. Entendamos la estructura como las diferentes partes del cuerpo. Los huesos, músculos, fascias, glándulas, piel, vísceras... Y la función como la actividad de cada una de sus partes (función vascular, respiratoria, digestiva, etc).
Cualquier alteración de la mecánica del cuerpo dará lugar a un mal funcionamiento de los sistemas afectados y de los que dependen de él. En principio las alteraciones serán funcionales, pero si se extienden en el tiempo pasarán a un estado crónico y degenerativo.


La unidad del cuerpo. Es la facultad que tiene el cuerpo humano para encontrar su equilibro, que se conoce como homeostasia, la propiedad de los organismos de mantener una condición interna estable compensando los cambios en su entorno mediante el intercambio regulado de materia y energía con el exterior (metabolismo)
Es evidente la facultad del sistema músculo-fascio-esquelético de archivar o “recordar” los traumatismos sufridos.


La autocuración El cuerpo tiene todos los medios necesarios para “autocurarse”, es decir, el cuerpo posee un sistema de autodefensa capaz de eliminar y deprimir la enfermedad. Siempre y cuando los sistemas de nutrición y eliminación celular (vasos, nervios, conductos linfáticos, etc.), funcionen sin obstáculos, la enfermedad no se produce.
La medicina alopática tradicional, en la lógica búsqueda de la técnica de cada sistema para especializarse en cada campo, se aleja de la naturaleza del ser humano y los principios de la vida y las relaciones con la naturaleza. Es cada vez más habitual en el sistema médico encontrar profesionales que se especializan en un único sistema y no tienen en cuenta el resto del paciente. Y la intención no es alejarse de la naturaleza, es, en esencia, intentar ayudar al enfermo con las mejores herramientas posibles.
La visión del ser humano en su conjunto, con leyes inmutables de sus ciclos y sus ritmos, se aleja y se modifica a través del progreso y la modernización para dividirse y fraccionarse. La osteopatía demuestra la interacción de todos los constituyentes del cuerpo, los unos con respecto a los otros, y reconcilia a su vez los principios de la vida y la relación con la naturaleza. Cada uno de nosotros sabe de forma innata que forma parte de un todo indivisible.