Liberación emocional.

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Liberación emocional.

El proceso de liberación somato-emocional es un proceso terapéutico que ayuda a la mente y al cuerpo a deshacerse de los productos residuales de los traumas pasados asociados a experiencias negativas.
Cuando se tiene una experiencia traumática, se vive un acontecimiento para nosotros estresante en el que cada persona ofrece una interpretación.
Evaluamos el acontecimiento y lo percibimos como una amenaza. La valoración es algo personal de cada sujeto y depende de los recursos personales que tenga (creencias, modelo de afrontamiento, experiencias del pasado) y por tanto provoca una reacción.
Ante la amenaza percibida, el sistema nervioso activa todos los mecanismos fisiológicos y bioquímicos para enfrentarse a ella y lleva al organismo hacia un estado altamente energético de sobreexcitación, con tres posibles respuestas: ataque, huida o inmovilización.
Como ya hablamos en otras ocasiones , el ser humano ha de “corticalizar” sus emociones, como una condición inevitable por el privilegio de tener un cerebro tan desarrollado.
Lo deseable es que seamos capaces de aliviar la sobrecarga de energía mientras se defiende activa y efectivamente de la amenaza o poco después del incidente amenazador, con lo que le permitirá al sistema nervioso volver a recuperar su nivel normal de funcionamiento.
En ocasiones no podemos enfrentarnos a la amenaza con éxito, y parte de la sobrecarga energética permanece “dentro” del cuerpo. El organismo interpreta la energía no descargada y “cree” que continúa la situación de peligro, percepción que hace que el sistema nervioso mantenga el estado de alerta y sobreexcitación.
Todo aquél que haya experimentado un momento de ansiedad sabe qué es esto.
El organismo, para protegerse de la sobreexcitación no descargada, desarrolla una serie de síntomas físicos y/o emocionales que aparecen o bien inmediatamente después del suceso traumático, o pasado un tiempo.
Por tanto, una persona traumatizada necesita resolver el “exceso de energía congelada” que ha quedado en su organismo, para eliminar la sobreexcitación de su sistema nervioso permitiéndole que vuelva a un estado de equilibrio, así como “archivar” funcionalmente la red neuronal asociada al evento traumático. Para ello, hay que restaurar los recursos propios y re-equilibrar el sistema nervioso.
Durante el proceso de liberación emocional se están empleando las siguientes técnicas y estrategias para facilitar el cambio terapéutico:
Una escucha empática por parte del terapeuta: El terapeuta tiene una presencia acogedora, muestra interés por todo lo que pueda surgir, mantiene un espacio adecuado, atento a oír lo esencial (escuchar aquello que quiere ser escuchado) y sin dar soluciones o emitir juicios de valor, simplemente “reflejar” lo que escucha.
También se hace necesaria una escucha activa por parte del paciente, que refiere su percepción de su mundo interior, abierto a sentir todo lo que surge en su interior y permanece en contacto con lo que está sintiendo en su cuerpo en ese preciso instante.
El cuerpo es el elemento central de la terapia: El cuerpo, no es únicamente lo que está “dentro de la piel”. No “tenemos” un cuerpo, somos un cuerpo en el momento presente, que es donde únicamente se puede dar el cambio terapéutico. El terapeuta debe mantener la calma en el proceso, sin inhibir los movimientos que se produzcan por muy sutiles que sean.
No tiene que decidir lo que debe ocurrir. Simplemente hay que acompañar el proceso.
Debe seguir al paciente mientras consigue anclarse en el presente, sugiriéndole que lleve la atención a su respiración y a sus sensaciones corporales. Invitar al paciente a que no racionalice, ni interprete lo que esté sucediendo, y a que confíe en los recursos naturales que tiene su organismo para alcanzar el equilibrio y la salud.